El día 365 del 2011 entre mariposas Monarca
Es ritual. Terminar el año viajando. Iniciarlo viajando. No ha fallado. Largos o cortos, pero siempre he podido moverme. Entre fronteras. Más allá de ellas. Conocer siempre algo nuevo inspira. Hay que moverse para encontrar lo nuevo. A veces está cerca. Otra veces no tanto. DosMilOnce lo terminé en las montañas de Michoacán, México, en la Sierra Chincua, a sólo 3 horas de la ciudad de México. El pueblo mágico llamado Tlalpujahua fue la sede del recorrido que nos llevaría al Santuario de las Mariposas Monarca. El recorrido decidimos hacerlo el último día del año. Un error en el camino nos hizo llegar a Senguio, un pequeño poblado que hace esfuerzos por explotar de manera sustentable la parte de Santuario que les corresponde. Este pueblo no estaba en nuestro mapa, pero no siempre los errores se lamentan. A pocos metros del centro de este pintoresco sitio, adornado por un tianguis y una parroquia del Siglo XIX, estaba el refugio que es la puerta de entrada al Santuario. Desde ahí, en una vieja camioneta, inició el trayecto hacía el corazón de la Sierra. Casi una hora sobre un camino apenas transitable. Extremo. Divertido. Luego, una hora más a pie hasta llegar a la colonia de mariposas monarca que han llegado en octubre y estarán ahí hasta marzo, en una de las manifestaciones más impresionantes de la migración animal que existen. Ese día el sol fue cómplice. Cuando sus rayos se filtran entre los árboles, las mariposas salen a volar para bañarse de él y de las miradas de quienes se animan a llegar hasta esos 3 mil 300 metros de altura sobre el nivel del mar para verlas. Se desprenden de los panales formados por ellas mismas en las ramas de los árboles a donde regresan apenas el calor entra a sus diminutos y hermosos cuerpos. Es fascinante estar ahí. Es fascinante saber que han llegado desde los bosques canadienses específicamente a este sitio, cuidado por los mismos pobladores, adultos y niños, en un ritual de cada año. Ellas se mueven miles de kilómetros porque así, cosas de la naturaleza, garantizan su sobrevivencia. Sí, gran filosofía de vida: viajar para no morir... o morir en el viaje.
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